¿La verdad nos hará libres?

Ejercicio de investigación realizado entre el Laboratorio de Narrativas Digitales del Centro de Estudios Críticos de Género y Feminismos y el Laboratorio Iberoamericano de Documental del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana.

Texto: Laura Pedraza Pinto

Videos: Andrés Durán Moreno, Pablo Martínez Zárate

Coordinación de proyecto: Laura Pedraza Pinto, Pablo Martínez Zárate

¿La verdad nos hará libres?

La libertad suele pensarse como la posibilidad de decidir, moverse y actuar sin restricciones. Sin embargo, cuando nos acercamos a las experiencias de personas que viven con una discapacidad, que han atravesado procesos de institucionalización psiquiátrica o que han reflexionado sobre la vida en contextos de encierro, esta idea comienza a complejizarse. La libertad deja de aparecer como una experiencia universal y se revela como algo profundamente situado, atravesado por los cuerpos, las relaciones, las instituciones y las condiciones materiales que hacen posible o limitan determinadas formas de vida.

Esta reflexión surge del encuentro con distintas voces. Algunas provienen de personas que comparten sus experiencias en torno a la discapacidad, la locura, la identidad y la autonomía. Otras se construyen a partir del trabajo realizado con personas privadas de la libertad, quienes compartieron relatos, dibujos y reflexiones sobre aquello que entienden por libertad, aquello que la limita y aquello que les permite seguir construyéndola incluso en contextos de encierro. Lejos de ofrecer una definición única, estas experiencias muestran que la libertad adquiere significados distintos según las condiciones desde las que se vive.

A lo largo de estos encuentros apareció una paradoja constante. Muchas de las ideas que solemos asociar con la libertad comenzaron a desdibujarse. La ayuda no siempre se opone a la autonomía. En ocasiones la hace posible. La colectividad no necesariamente limita la libertad individual. Puede ampliarla. El encierro, sin dejar de ser una experiencia de privación y de violencia, puede abrir espacios para la reflexión, la construcción de vínculos o la expresión de identidades que fuera de esos muros encuentran mayores obstáculos. Incluso la locura, tradicionalmente entendida como pérdida de razón o desconexión de la realidad, aparece en algunos relatos como una forma de conciencia, sensibilidad y comprensión crítica del mundo.

Las voces reunidas en este proyecto también cuestionan la idea de que la libertad es una conquista exclusivamente individual. En los testimonios aparecen amistades, redes de apoyo, comunidades, afectos y formas de cuidado que permiten ampliar las posibilidades de acción de las personas. La libertad emerge entonces como una experiencia relacional. No se construye en aislamiento, sino en diálogo constante con otras personas y con los contextos que habitamos.

Quizá por ello la pregunta que da título a este ensayo requiere ser pensada desde otro lugar. ¿La verdad nos hará libres? Las experiencias aquí reunidas sugieren que la verdad no es una revelación única ni universal. Más bien, parece encontrarse en la posibilidad de nombrar la propia experiencia, cuestionar las narrativas impuestas y reconocer las estructuras que condicionan nuestras vidas. En este sentido, la verdad puede convertirse en una herramienta para ampliar los márgenes de lo posible, resistir formas de exclusión e imaginar otras maneras de habitar el mundo.

Las reflexiones que siguen no buscan ofrecer una respuesta definitiva. Buscan acompañar una serie de conversaciones que invitan a repensar la libertad desde sus contradicciones. A través de ellas veremos cómo la ayuda puede producir autonomía, cómo la colectividad puede producir libertad, cómo la locura puede convertirse en conciencia, cómo la imaginación puede atravesar los muros del encierro y cómo los cuerpos pueden ser simultáneamente límite y posibilidad. Son estas tensiones las que permiten acercarnos a una comprensión más compleja, más humana y más situada de lo que significa ser libre.

Repensar la libertad en contexto de privación de la libertad

La cárcel, a menudo percibida como el epítome de la privación de libertad, representa un complejo entramado de relaciones de poder que condicionan no solo la existencia de quienes la habitan, sino también la forma en que la sociedad en su conjunto concibe el concepto de libertad. Este espacio, lejos de ser un mero contenedor de cuerpos, se revela como una esfera simbólica donde se entrelazan no solo mecanismos de dominación y control, sino también posibilidades de resistencia, solidaridad y, en ocasiones, de reimaginación de la propia identidad.

En las sociedades contemporáneas, la cárcel se ha convertido en un símbolo de la justicia punitiva, un lugar donde se manifiestan las disfunciones del sistema socioeconómico y se perpetúan desigualdades. El contexto carcelario se articula, en efecto, en torno a una lógica que penaliza la pobreza, la marginalidad y la “desviación” de las normas sociales, incluso llevando a las personas a un estado de despojo no solo de su libertad física, sino también de su dignidad y humanidad. A través de un proceso de deshumanización, la cárcel a menudo silencia las voces de quienes están allí, limitando drásticamente sus capacidades de agencia y autodeterminación.

Sin embargo, las experiencias recuperadas en este proyecto permiten complejizar esta lectura. Como señala Daniela de la Asociación Civil Almas Cautivas a partir de su trabajo de acompañamiento con personas LGBT+ privadas de la libertad, las experiencias de encierro no son homogéneas y se encuentran atravesadas por múltiples factores relacionados con la identidad, las trayectorias de vida y las condiciones de exclusión previas al encarcelamiento. Sus reflexiones invitan a pensar cómo las desigualdades sociales, económicas y culturales no desaparecen al ingresar a prisión, sino que continúan moldeando las posibilidades de vida y las formas en que se experimenta la libertad dentro de estos espacios.

Sin ánimo de romantizar el sistema penitenciario, la cárcel también puede convertirse en un terreno para la resistencia. A pesar de las condiciones adversas, las personas privadas de la libertad encuentran formas de ejercer su agencia mediante la creación de redes de apoyo y la construcción de comunidad. Esto puede manifestarse en actividades como la educación, el arte, la escritura y la organización colectiva, donde desafían las narrativas impuestas por el sistema penal y optan por reescribir sus propias biografías. Esta transformación es significativa, ya que, en algunas ocasiones, la experiencia carcelaria se convierte en una oportunidad para cuestionar sistemas de creencias que han contribuido históricamente a su marginación.

Las reflexiones surgidas durante el taller realizado con personas privadas de la libertad permiten observar estas formas de agencia y resignificación. A través de dibujos, escritos y ejercicios colectivos aparecieron nociones de libertad vinculadas con la responsabilidad, el amor, la tranquilidad, el respeto, la esperanza y la posibilidad de construir proyectos de vida. En varias de las representaciones elaboradas por las personas participantes, la libertad fue asociada con vínculos afectivos, elementos de la naturaleza y horizontes de transformación, lo que sugiere que esta no se reduce únicamente a la movilidad física, sino que también involucra dimensiones simbólicas, emocionales y comunitarias.

Al reflexionar sobre la libertad que puede surgir en medio de la reclusión, es crucial entender que esta no necesariamente se alinea con la libertad material. La experiencia de los cuerpos encarcelados trasciende las barreras físicas que les impone el sistema carcelario. A menudo, la agencia se encuentra en la manera en que las personas navegan su realidad cotidiana, encontrando oportunidades para expresar su resistencia, construir sentido y redefinir su identidad a pesar de las restricciones de locomoción.

De hecho, algunas de las personas participantes en el taller señalaron que la libertad también podía relacionarse con procesos de reflexión personal, reconstrucción de vínculos o la posibilidad de imaginar futuros distintos. Estas experiencias no eliminan las restricciones materiales de la prisión, pero sí invitan a cuestionar las definiciones simplificadas que equiparan la libertad exclusivamente con la ausencia de “rejas”.

¿Qué significados de libertad pueden ser articulados fuera de las definiciones normativas impuestas por un sistema que busca penalizar? En esta medida, la cárcel no solo actúa como un sitio de reclusión, sino también como un espacio donde se negocian la identidad, la dignidad y la posibilidad de construir formas de resistencia que pueden tener repercusiones más allá de sus muros.

En este sentido, la libertad en el contexto carcelario puede entenderse como un concepto que requiere ser analizado críticamente. No se limita simplemente a la ausencia de encierro, sino que también incluye la posibilidad de reivindicación, de construcción de comunidad y de ejercicio de la agencia personal. Las prácticas de autogestión, organización y acompañamiento entre personas privadas de la libertad muestran que incluso en los contextos más restrictivos persisten formas de autodeterminación que desafían las lógicas del castigo y la exclusión.

El análisis de la libertad en contextos carcelarios no solo ayuda a desentrañar las dinámicas de dominación presentes en el sistema penitenciario, sino que también abre un espacio para imaginar formas alternativas de liberación y autoafirmación. Cuestionar las estructuras opresivas que configuran las experiencias individuales y colectivas implica reconocer la imaginación, la solidaridad y la esperanza como herramientas fundamentales para resistir los prejuicios, los estigmas y las narrativas que reducen a las personas a su condición de encierro. La libertad, entonces, deja de ser únicamente un estado para convertirse en un proceso de construcción permanente, una práctica que se disputa tanto dentro como fuera de los muros de la prisión.

La locura como conciencia

Las reflexiones sobre la libertad adquieren matices particulares cuando se abordan desde experiencias relacionadas con la salud mental y la discapacidad psicosocial. A lo largo de la historia, las instituciones psiquiátricas han desempeñado un papel relevante en la definición de aquello que se considera normal o patológico, influyendo en las formas en que ciertas experiencias son comprendidas, tratadas y nombradas. En este contexto, la libertad no aparece únicamente como la posibilidad de actuar sin restricciones, sino también como la capacidad de participar en las decisiones que afectan la propia vida y de construir significados sobre las experiencias que se habitan.

Las vivencias relacionadas con la salud mental están lejos de ser homogéneas. Para algunas personas, los procesos de atención psiquiátrica pueden representar espacios de cuidado y contención. Para otras, pueden estar asociados con experiencias de estigmatización, pérdida de autonomía o falta de reconocimiento de sus propias voces. Esta diversidad de experiencias invita a evitar generalizaciones y a prestar atención a las maneras particulares en que cada persona comprende su relación con la libertad, el cuidado y la identidad.

En este contexto, resulta particularmente significativo observar cómo algunas personas han resignificado categorías históricamente utilizadas para patologizarlas. El uso de expresiones como “soy locx” no implica necesariamente la aceptación acrítica de una etiqueta impuesta. En muchos casos constituye una estrategia política mediante la cual se desafían los significados asociados a la locura y se recupera la capacidad de nombrarse desde la propia experiencia. La reapropiación del lenguaje se convierte así en una forma de resistencia frente a narrativas que durante décadas han contribuido a definir quién es considerado racional, competente o capaz de tomar decisiones sobre su propia vida.

Las reflexiones compartidas por Trini permiten profundizar en esta idea. Su experiencia invita a cuestionar las fronteras rígidas entre razón y locura, así como las formas en que determinadas vivencias son rápidamente traducidas al lenguaje clínico. Lejos de reducir la locura a una categoría exclusivamente médica, sus palabras muestran cómo algunas experiencias asociadas al sufrimiento psíquico también pueden constituir formas de conocimiento sobre una misma, sobre los vínculos que habitamos y sobre las estructuras sociales que atraviesan nuestras vidas. La locura aparece entonces no como una esencia ni como una verdad universal, sino como una experiencia situada desde la cual es posible producir sentido y construir formas propias de comprensión del mundo.

Desde esta perspectiva, la libertad deja de ser únicamente una cuestión de movilidad o ausencia de restricciones externas. También implica la posibilidad de construir narrativas propias sobre aquello que se vive, de disputar los significados que otras personas han impuesto sobre nuestros cuerpos y nuestras experiencias, y de reclamar el derecho a existir fuera de las categorías que históricamente han servido para controlar la diferencia.

La identidad, entonces, no se configura únicamente a partir de diagnósticos o clasificaciones institucionales. Se construye también a través de procesos de resignificación, resistencia y autoafirmación. La libertad aparece aquí como una disputa por el lenguaje, por el cuerpo y por el derecho a narrarse desde la propia experiencia. En este sentido, la verdad sobre estas experiencias no puede agotarse en los diagnósticos ni en las categorías médicas. También se encuentra en las voces de quienes han vivido estas realidades y en su capacidad para nombrar aquello que les ocurre desde sus propios términos.

Más que ofrecer una definición cerrada de la locura, las reflexiones recuperadas en este proyecto invitan a reconocer la diversidad de experiencias que existen en torno a la salud mental y a cuestionar las narrativas que reducen a las personas a sus diagnósticos. La posibilidad de hablar en primera persona, resignificar las etiquetas impuestas y construir formas propias de comprensión constituye, en sí misma, una práctica de libertad.

El derecho a habitar el mundo

La libertad suele entenderse como la posibilidad de decidir sobre la propia vida, desplazarse, participar en la comunidad y construir proyectos personales. Sin embargo, esta definición presupone algo que con frecuencia permanece invisible. Presupone que todas las personas cuentan con las condiciones necesarias para ejercer esas posibilidades. Cuando el acceso a los espacios, servicios, derechos e instituciones se encuentra limitado, la libertad deja de ser únicamente una cuestión individual y se convierte también en una cuestión de condiciones materiales, sociales e institucionales.

Las reflexiones surgidas en este proyecto permiten observar que la libertad no puede comprenderse al margen de los contextos que la hacen posible. La accesibilidad de los espacios físicos, la existencia de sistemas de transporte incluyentes, el acceso a la educación, a la salud y al empleo, así como la participación en los procesos de toma de decisiones, forman parte de los elementos que configuran las posibilidades reales de ejercer la libertad. Desde esta perspectiva, la discapacidad invita a desplazar la mirada del individuo hacia los entornos que facilitan o dificultan la participación plena en la vida social.

Estas barreras no son únicamente arquitectónicas o administrativas. También están relacionadas con los imaginarios sociales que influyen en la manera en que se perciben determinados cuerpos y “capacidades”, cuando estas ideas se trasladan a las instituciones, pueden influir en las oportunidades de participación, reconocimiento y ejercicio de derechos de las personas con discapacidad.

Las experiencias compartidas durante este proyecto muestran que estas dinámicas pueden manifestarse en distintos ámbitos de la vida cotidiana. Aparecen en las dificultades para acceder a espacios educativos o laborales, en los obstáculos para participar plenamente en la vida pública y, en ocasiones, en las expectativas reducidas sobre aquello que las personas con discapacidad pueden hacer, decidir o construir para sí mismas. Más que ubicarse exclusivamente en los cuerpos, muchas de estas limitaciones se producen en la interacción entre las personas y los entornos que habitan.

Las reflexiones recuperadas también permiten observar cómo la libertad se encuentra atravesada por múltiples dimensiones de la experiencia social. En el caso de las mujeres con discapacidad, las posibilidades de ejercer plenamente la autonomía pueden verse condicionadas por expectativas relacionadas con el género, la sexualidad, la maternidad y los cuidados. La experiencia de la libertad no se configura únicamente a partir de la discapacidad, sino también de la forma en que distintas estructuras sociales interactúan y producen oportunidades o restricciones específicas para determinadas personas.

Al mismo tiempo, las conversaciones realizadas durante este proyecto permitieron identificar otro elemento fundamental. La libertad no siempre se construye desde la independencia absoluta. En numerosas ocasiones aparece vinculada a redes de apoyo, vínculos afectivos, relaciones de cuidado y formas de acompañamiento que amplían las posibilidades de participación. Esta reflexión cuestiona una visión estrictamente individualista de la autonomía y permite reconocer la interdependencia como una característica compartida por todas las personas, aunque se manifieste de maneras distintas según las circunstancias de vida de cada quien.

Pensar la libertad desde la discapacidad implica reconocer que la autonomía no depende exclusivamente de la voluntad individual. También requiere condiciones materiales, accesibilidad, reconocimiento social y la posibilidad real de participar en la construcción de los espacios y las instituciones que organizan la vida colectiva. Desde esta perspectiva, la libertad puede entenderse como el derecho a habitar el mundo en igualdad de condiciones, a construir proyectos propios y a decidir cómo queremos vivir nuestras vidas.

Más que ofrecer respuestas definitivas, las experiencias compartidas en este proyecto invitan a formular una pregunta fundamental. ¿Qué transformaciones son necesarias para que la libertad deje de ser una posibilidad disponible para algunas personas y se convierta en una realidad accesible para todas?

Leave a comment